Autor:
Isabella Fourment
Sí, eran los perros que describe Juan Rulfo.
¿Los recuerdas?
Tardamos en llegar. Hacía tanto calor en aquel páramo…
Los perros tenían hambre. Igual, igual que nosotros.
No habíamos comido desde hacía tanto tiempo.
Ellos buscaban una sombra. Nosotros el suspiro perdido.
Una casa hundida. Un refugio en llamas.
Ellos fueron los testigos habladores de la emoción,
las perlas de la tarde rodaban por tu piel;
era sorpresa el aire,
fue manantial la calma,
alimento de saliva en los labios.
La tierra se engalanó
de espigas y amapolas blancas, rojas, grises.
Lecho de flores para los azules de la música.
El sudor rosado de nuestros cuerpos.
Era. Fue. Había sido un sueño en la balanza:
Inclinación de las estrellas hacia nuestros brazos.
Lo perros todavía lo comentan con sus aullidos.
Escucha. ¡Escucha! Acaricio sus voces,
todavía en su lenguaje
hay un halo de besos.
Déjalos que hablen de nosotros.
Ladran, ladran el placer,
deja, deja que nos acusen…