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"LA LEYENDA DE LOS BARILETES"
Autor: Rocio Galicia Arriaga

“los barriletes son las sonrisas del cielo”.

Los barriletes (cometas o papalotes gigantes) fueron llevados a Japón cerca del siglo 7º por los monjes budistas. Los usaban como figuras mágicas o “talismanes” para ahuyentar los malos espíritus y como invocaciones a las cosechas abundantes.
Se vuelan barriletes gigantes en San Agustín Sumpango, Guatemala, en busca de de los espíritus errantes y ancestrales que constituyen una de las ceremonias de mayor colorido y originalidad dentro de las tradiciones populares.
Volar barrilete tiene un significado místico, lo que se llama en lenguaje religioso, el cordón de plata, es el conducto entre el antepasado y el vivo.
Como si le dijeran a los muertos “aquí estamos presentes”. Y es el lugar donde habita el alma.
Hoy día, esta ceremonia se ha ido transformando y se ha convertido en algo puramente turístico. La decoración de los barriletes y su colorido representan la unión del inframundo con el mundo profano de acuerdo con los criterios cosmogónicos, es la vía de enlace entre los muertos – (“los santos”)-, y los vivos.
Es decir, puesto que los vivos siempre están en contacto con los muertos, con sus antepasados, los barriletes son el hilo conductor de estas almas.
Los barriletes se vuelan los primeros días de Noviembre y luego los queman. Es indispensable que se queme el “gran barrilete” para que los difuntos regresen tranquilos a su lugar.

En la noche los principales de la Cofradía de San Miguel Arcángel y los jóvenes que han volado los barriletes en el cementerio, recorren el pueblo solicitando limosnas en nombre de San Miguel Arcangel, los Principales de la cofradía (sacerdotes portadores de la sabiduría indígena) ante el altar de los ancestros, logran que los espíritus regresen al inframundo.
De manera, pues, que los barriletes gigantes representan el vehículo por medio del cual los espíritus de los antepasados, de los ancestros de los campesinos indígenas de Santiago Sacatepéquez se unen a “sus” vivos durante 24 horas para retornar sus moradas eternas. Es la concreción del mito del eterno retorno.
De los barriletes de San Agustín Sumpango existe una leyenda tradicional, en donde se indica que hace muchos años en el camposanto de Sumpango, el día de los difuntos, era invadido por espíritus malignos que llegaban a ocasionar molestias a las buenas ánimas, cuyos cuerpos descansaban en el citado camposanto y debido a todo esto las ánimas vagaban inquietas por las calles y viviendas sencillas de la población, aquella perturbación se producía todos los años, el día de los Difuntos.
Según la leyenda los moradores de la época, dada la situación que prevalecía todos los años decidieron consultar el fenómeno con los tradicionales brujos a quienes acudían para consultar los maleficios, dichos brujos coincidieron y opinaron que el único medio para forzar la retirada de los espíritus del mal, consistía en provocar que el viento chocara con pedazos de papel, cuyo sonido resultante, según los brujos alejaría en forma inmediata a los malos espíritus, dejando descansar tranquilamente a las buenas almas del lugar.
Volar barriletes era cosa de niños, correr por los potreros o las calles al terminar las clases en octubre. Y escuchar el regaño de las madres y abuelas que decían –patojos, no vuelen barriletes antes del Día de Los Santos porque el agua se retira- y en efecto las lluvias se retiraban para dar paso a los aires de noviembre.

©LunaQuemada


 

Texto publicado el 2009-11-28 y leido por 140 vistantes

 
Pizarrón del Lector
2009-12-08 01:09:48
Curiosas costumbres que nos traes, que es bueno saber y que nunca se tendrían que perder.
Gracias y un placer pasar por tus letras amiga, velezano

Velezano
2009-11-29 14:46:02
Rocío:
Gracias por traernos este regalo de la hermana Guatemala, ki tomaré para el Aguila de Obsidiana 2 ¿Me lo permites?

Teseo